La magia en mi novela

Arthur C. Clarke dijo una vez: «toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Y es que la ciencia ficción y la fantasía comparten algo en común: lo maravilloso, lo imposible. Estos elementos son canalizados a través de la tecnología avanzada, en el caso de la ciencia ficción, y de la magia a través de la fantasía. De hecho, son conceptos estrechamente relacionados —hermanos incluso—, pues están construidos para estimularnos de una manera muy similar. 

Y si hay algo más atractivo todavía es dotar a estos elementos de cierta coherencia narrativa, como está ocurriendo últimamente con las novelas de nuestro siglo, que proveen explicación racional a los sistemas de magia. En efecto, tanto la magia como la tecnología avanzada deben ser originales, con un sistema propio que doten de identidad única las páginas de nuestra novela. El público es cada vez más exigente, y es nuestro deber, como escritores, tender un poderoso imán de atracción de lectores. Si lo hacemos bien se mostrarán ansiosos por contemplar hasta qué punto puede torcerse la realidad en nuestro mundo imaginario, convirtiendo lo imposible en un hecho.

No te voy a mentir: estoy deseando que llegue el 5 de noviembre —estreno de mi libro—, pues una de las cosas que más me intriga es cómo acogerán los lectores mi sistema de magia. Y… ¡oye!, ¿por qué no? Te voy a adelantar un par de cosas sobre lo que he hecho. Para eso te has apuntado a mi newsletter, ¿no? Te lo mereces.

Te comento. La magia de La historia triste de un hombre justo está estrechamente relacionada con la música; era preceptivo por la pasión que le tengo. Y sí, lo sé. Ya se ha escrito sobre esto en la literatura fantástica, aunque ignoro si en la dimensión a la que lo pretendo llevar en mi libro. Para empezar, me he inspirado en la figura del «bardo», una especie de usuario de la magia que aparece en varios juegos de rol y algunas novelas de género fantástico. No obstante, el concepto está afinado en mi obra, puesto que en realidad el término exacto que uso es el de «armonista», siendo el bardo un subtipo de arcano. 

Básicamente, los armonistas canalizan su poder a través de la música que producen con sus instrumentos —o su voz—. Para ello, lo primero que hacen es temperar su mente con el entorno, escuchando «los sonidos de las cosas». Es como si echaran un vistazo rápido alrededor, apreciando los recursos disponibles. Una vez hecho esto entonan una serie de notas que les permite conectarse con lo que ellos llaman el «Tejido Armónico» —llamado también «Tejido de la Realidad», o «Monocordio del Mundo» por la Iglesia—. Este tejido no es sino un concepto abstracto, dado que estos armonistas sólo pueden intuirlo —aunque cierto personaje también puede verlo con su llamada «visión armónica»—; y, en esencia, se trata de un innumerable hilvanado de hebras que se conectan vibrando por toda la existencia. 

En otras palabras, el Tejido de la Realidad sería una proyección astral de la materia, concretamente una manifestación de las cuerdas cuánticas, que son las que vibran produciendo esos sonidos que escuchan; una música de la existencia que les provocan sensaciones de todo tipo. Sintiendo estas cuerdas, los armonistas «hablan» con ellas usando el lenguaje de la música: modifican su vibración, su frecuencia e intensidad, provocando una disrupción en el tejido y, por tanto, generando efectos materiales en el entorno. Imagínatelo como quien perturba la tensión superficial del agua tirando una piedra: el agua, quieta o no, sería la misma existencia, mientras que la piedra sería las notas emitidas por el armonista, induciendo el cambio.

No voy a desvelar mucho más de esto porque echaría a perder algunos secretos de La historia triste de un hombre justo, pero te prometo que el día de su estreno —recuerden, recuerden, 5 de noviembre—, verás las piezas que encajan entre la magia y la música.

Mientras tanto, si te apetece, puedes compartir esta curiosidad con alguien, o incluso comentarme personalmente qué te parece la idea. Me encantaría saber si esto te recuerda a otras obras, que seguro que sí. Puedes hacerlo por email, aunque también puedes seguirme y hablarme por Instagram, como más te guste.

Te aseguro que estoy impaciente por que charlemos un rato.

Un fuerte abrazo,

Ángel G. Olmedo.

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