La daga de la misericordia

En la newsletter anterior te hablé de la espada ropera, arma que portan los protagonistas de La historia triste de un hombre justo. Sin embargo, parece ser que la llamada «daga quitapenas», o daga de la misericordia, se me cayó por el camino. Pero no te preocupes, que hablamos de ella en esta ocasión para que no pierdas detalle alguno acerca del origen de esta preciosa arma y para qué se utiliza en la Edad Moderna —y en mi novela, claro—.

La daga de la misericordia

Entre las armas que portan los protagonistas del libro —aunque no suelen llevarlas a la vista delante de almidonados, pisaverdes y lindos de la corte— es la daga quitapenas. Se trata de un arma versátil y aún más ligera que la espada ropera, con una guarnición en forma de vela hinchada que permite proteger todo el dorso de la mano a aquel que la esgrime.

En España se la llamó siempre «daga de la mano izquierda», pero merece la pena mencionar que Arturo Pérez-Reverte popularizó el nombre de «daga vizcaína», por estar hecha de acero de Vizcaya. En realidad, era un arma militar, portada por los tercios españoles en Flandes. Y es aquí donde los epítetos «misericordia», «quitapenas» o «caridad» cobran algo más de sentido.

El beso de la viuda

Porque el nombre de quitapenas es, en realidad, un epónimo del uso que se le daba a daga: quitar penas, lógicamente, pero en un sentido más luctuoso. Con este nombre, podrás adivinar que la daga de la misericordia era usada para dar fin al tormento a quienes se encontraban moribundos durante la batalla. Y es que, durante la guerra —o incluso en los lances—, cuando alguien estaba aviado y no iba a superar sus heridas, le pedía a un compañero —o incluso a su asesino— que le diera el llamado «beso de la viuda». El agonizante se ponía entonces de rodillas y agachaba la cabeza, mostrando su nuca; en ella el ejecutor hendía la punta del arma con un rápido y fatal movimiento. El dolor desaparecía enseguida…

Popular en los duelos

Como dije en la anterior newsletter, mientras la espada ropera es un complemento que da dignidad a quien la porta, desvelando su condición de hidalgo, la daga de la misericordia es un instrumento que se relaciona más con los jaques malandrines, dado que es un arma para el campo de batalla, y no para la villa. Percepción que se diluye según qué épocas o lugares, pues las artes del esgrimista del Siglo de Oro español estaban tan refinadas a principios de siglo XVII que el uso de ambos tipos de armas era muy frecuente y popularizado en los duelos.

Tal fue el refinamiento de estos duelos con ambos aceros, uno en cada mano, que se llegó a escribir durante la época de los Austrias uno de los tratados más importantes de esgrima conocidos: Grandezas de la espada, donde se recoge la «destreza verdadera» de Luís Pacheco de Narváez, y en cuya figura me inspiro, para mi novela, con la creación del esgrimista mayor del Imperio de Ísbar, Don Lucario Dáscar. 

Siendo lector de historia moderna, no lo puedo evitar cada vez que encuentro la oportunidad; tengo que salpicar mis historias con analogías históricas de este tipo. Espero que te guste la manera en la que enhebro estos elementos en La historia triste de un hombre justo, que tienes disponible para hacerte con una copia en pinchando aquí. Hasta entonces, te regalo el primer capítulo para que lo leas o escuches totalmente gratis.

Por cierto, añádeme a Instagram. ¡Ah!, y guárdate las espaldas cuando pasees por Ísbar, que más de un valentón anda por ahí con hierros tan afilados como éstos.

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